Diabetes y Alcohol

El alcohol debe tener un consumo realmente escaso o muy moderado en los pacientes con Diabetes, ya que resulta de por sí perjudicial tanto para diabéticos como para personas que no sufren la enfermedad. El alcohol tiene un fuerte poder hipoglucemiante en el paciente diabético. Introduce en el organismo una toxina que obliga al hígado a cesar la producción de glucosa, lo que puede provocar hipoglucemias severas a la hora de tomar bebidas, especialmente destiladas.

Aunque se ha comprobado que el consumo ocasional de cerveza o vino puede ser beneficioso para la Diabetes, las bebidas destiladas suponen una peligrosa arma de doble filo cuyos efectos hipoglucemiantes pueden durar hasta 14 horas después de la ingesta, especialmente en bebidas como el whisky o la ginebra. En el caso de que decida tomarlas, nunca lo haga con el estómago vacío: De esta manera logrará contrarrestar en un primer momento el efecto de la bebida. Para estos casos, se recomiendan carbohidratos de acción lenta, como snacks o frutos secos, aunque nunca en cantidad excesiva para evitar hiperglucemias severas.

Se debe evitar el total consumo de alcohol si el paciente en concreto no se encuentra bien controlado de forma general en el momento de la ingesta, y algunos efectos provocados por estas bebidas pueden ser confundidos como hipoglucemias. Procure controlarse lo antes posible después de beber alcohol.

Las bebidas destiladas aumentan la resistencia a la insulina a largo plazo y pueden provocar descontrol glucémico, además de una intensa deshidratación que resulta perjudicial para el paciente.

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