Diabetes tipo 3: La familia del paciente diabético

Cuando una persona es diagnosticada con diabetes, en ocasiones la familia es el único apoyo para salir adelante con la enfermedad. Especialmente en pacientes menores de edad, se produce un total vuelco por parte de los padres para atender las necesidades del enfermo. Los progenitores, al igual que el hijo, deben aprender a controlar factores tan importantes como la dieta, el ejercicio, la existencia de hipoglucemias o hiperglucemias y los tipos de insulina y en que horario deben ser administrados.

En ocasiones, esto lleva a una sobreprotección que provoca que el propio paciente no sea capaz de desarrollar independencia frente a su enfermedad, o que incluso deje a sus padres el “trabajo sucio´´ a la hora de tratar su diabetes. Es conveniente en estos casos conseguir un equilibrio en el que el individuo sea consciente de las consecuencias de no tratar su enfermedad, y a consecuencia aprenda a cuidarse por sí solo.

En ocasiones, el mejor ejemplo puede ser el llevar una vida ordenada, tanto en la diabetes como en la convivencia y tareas cotidianas. Crear tratos en los que ambas partes salgan beneficiados mediante una actitud negociable, aunque no permisiva. Es básico no olvidar que, aunque diabético, la persona con la que tratamos es un ser humano como cualquier otro, y por lo tanto no hay compasión ni caprichos por el mero hecho de tener la enfermedad.

Es básico conocer cómo tratar y convivir con un paciente de diabetes, pero como se suele decir: No hay mejor médico que el propio diabético.

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